2005 - 2020. Desmontando El Windsor

El 30 de agosto de 2005, seis meses después del incendio y cuatro antes de lo esperado, se abría al tráfico la calle Raimundo Fernández-Villaverde. Desde la calle de Orense hasta el Paseo de la Castellana, el mobiliario urbano, el pavimento de calzadas y aceras y el ajardinamiento de todo el entorno aparecían renovados. La terrible silueta calcinada del antaño elegante Windsor había desaparecido para siempre del paisaje de Madrid. Unos días antes, J.J. Armas Marcelo publicó en el periódico ABC una conmovedora columna titulada “Lo que queda del Windsor”. Así se refirió a aquellos hombres y mujeres que operaron el milagro:

«Cuentan que, conforme las obras avanzaban y el gran quemado iba siendo engullido por la sensatez laboral de unos operarios especializados en la extraña función de cumplir con su tarea sin descanso y en silencio, llegaban expertos a Madrid desde muchas partes del mundo para ver, estudiar y aprender del portento de la desaparición, a planta por semana, del enorme cadáver y sus huesos calcinados.«

El 26 de febrero de hace 15 años se firmó el acta de replanteo y esos operarios especializados iniciaron la tarea de demoler más de 61.400 m³ distribuidos en 24 plantas -desde la planta 4 hasta la grúa  sobre el torreón-  y trasladar 620 toneladas de metal y más de 71.000 toneladas de hormigón y material cerámico a plantas de reciclaje. Lo hicieron en silencio y sin descanso: trabajaron 24 horas al día en tres turnos con una media de 60 operarios en cada uno.

Este es el relato de cómo lo hicieron.

El edificio Windsor había ardido durante aproximadamente 20 horas entre el 12 y el 13 de febrero. El fuego se inició en la planta 21, sobre las 23:05 de la noche. A las 23:21 los bomberos recibieron el aviso y 15 minutos después el fuego ya devoraba la planta completa. Los estudios posteriores realizados (INTEMAC, Kono M. et al, etc) han logrado estimar la secuencia y velocidad de propagación del incendio. Primero hacia arriba, en 40 minutos estaba en la planta 22,  a continuación la 23 y 24 (70 minutos). La 28 ardía 30 minutos después (como explican Borg y Welsh). La propagación hacia abajo no se inició hasta la 1:00 de la madrugada, a una velocidad de 20 minutos por planta -a las 5:40 de la madrugada había bajado hasta la planta 12- y solo ralentizó su avance cuando tuvo que atravesar la planta técnica T2, situada entre las plantas 17 y 16. Los servicios de extinción declararon apagado el incendio a la 1:00 del día 14 y decretaron un periodo de 48 horas de seguridad antes de acceder y hacer cualquier valoración preliminar. 

A pesar de la duración del fuego y de las altísimas temperaturas sostenidas que soportó, el Windsor no cayó y pasó a ocupar el puesto 35 entre los 100 edificios más altos del mundo que tuvieron que ser demolidos. El Ayuntamiento de Madrid declaró la ruina y el procedimiento de “Acción inmediata”. Ortiz Construcciones y Proyectos es la empresa adjudicataria de la zona noroeste desde 1985 y, en virtud de ese concurso, debe responder en el plazo máximo de 1 hora -24 horas al día y 7 días a la semana- a cualquier urgencia.

La misma noche del incendio comenzaron a trabajar contando con la ayuda de INDAG S.A. La empresa de ingeniería del Grupo Ortiz se ocupó de la gestión técnica de los procesos de demolición y de la realización de un modelo matemático que  les permitiera conocer, de forma más o menos precisa, el estado de la estructura y el comportamiento que podían esperar de ella. Unos días después, INTEMAC (Instituto Técnico de Materiales y Construcciones) inspeccionó el edificio para obtener  probetas que  sometieron a numerosos ensayos. En total se estudiaron 21 probetas de plantas no dañadas y 6 de plantas dañadas. En los días siguientes se analizarían otras 22 procedentes de elementos desmontados.

Cuando se declaró el incendio, el Windsor estaba en pleno proceso de adaptación a la normativa contraincendios. Esta circunstancia explica varias cuestiones relevantes sobre el comportamiento del edificio.

La primera es la existencia de una grúa sobre el forjado del torreón. Resultó indemne hasta el punto de que pudo ser desmontada siguiendo el protocolo de la firma.

La segunda es la propia forma que adoptó el Windsor al arder. La estructura central rígida de hormigón que alojaba los núcleos de comunicación -escaleras y 10 ascensores en total- y su división en dos grandes cuerpos mediante las plantas técnicas T1, bajo la planta 4, y T2 bajo la planta 17,  sostuvieron al gigante. Pero la envolvente estaba compuesta por pilares metálicos que trasladan el peso de la piel de cristal a las losas bidireccionales de hormigón.  Los pilares del cuerpo inferior ya habían sido ignifugados -con la inexplicable excepción de la planta 9- no así los del cuerpo superior. Basta ver las imágenes del estado en que quedó el rascacielos tras el incendio para entender el resultado de la ausencia de protección contra el fuego en las estructuras metálicas.

La tercera es una escalera de incendios de sección circular -no representada en el plano- que formaba parte del plan de adecuación a la normativa. Se anclaba a los forjados de la fachada oeste e impidió que se desplomase. Es fácil adivinar su posición viendo el área rectangular -color blanco en la imagen de planta- que no colapsó.

Hay algo realmente hermoso en la historia del desmontaje del Windsor. Algo con lo que sueñan todos aquellos que conocen a fondo la extrema dificultad de trabajar en estructuras siniestradas: nadie resultó herido en el proceso. La seguridad, de personas y bienes, se convirtió en una obsesión condicionando el diseño del procedimiento. Había que trabajar desde fuera.

La voladura, el método más económico y rápido en casos de estructuras de este tamaño fue desestimada desde el principio ya que requería que los trabajadores entrasen a colocar los explosivos y realizasen cortes selectivos previos hasta la altura de la planta 18. Además el Windsor estaba demasiado dañado y el menor fallo en la sincronización de las detonaciones provocaría que el edificio no fracturase como estaba previsto. También el sistema tradicional con apeos necesitaba mano de obra “dentro” y fue descartado.  Por último, el uso de demoledores aéreos como sistema principal, implicaba que se proyectarían fragmentos al precipitar al vacío grandes bloques. Todos ellos se consideraron riesgos inasumibles.

Así, buscando reducir al mínimo los riesgos personales, los técnicos de Grupo Ortiz diseñaron el desmontaje mediante troceado desde el exterior. El sistema fue patentado en 2009 bajo el título «Procedimiento de demolición de edificios por encima de su estructura».

En este punto aparecen las grandes protagonistas: las grúas. Se utilizaron dos equipos -uno en la fachada oeste y otro en la sur- formados cada uno por dos grúas: la primera carga y desciende las piezas, la segunda porta la barquilla desde la que los trabajadores manejan los robots por control remoto, realizan los cortes y dirigen las maniobras de la grúa de carga. Son sus ojos, la sincronización ha de ser total. Para hacernos idea de la escala de estas estructuras pensemos que la grúa «Liebherr 750T» necesita 82 camiones trailer para su traslado y 1 semana para su configuración. O que el equipo de la fachada oeste -colocado sobre los dos sótanos de la calle Agustín de Betancourt-  hizo necesario apear primero una superficie de 1.400 m².

El proceso de desmontaje, con diversas adaptaciones en las plantas técnicas y puntos especialmente conflictivos, era muy sistemático y comenzaba con la limpieza de escombros en la planta utilizando un robot dirigido por control remoto. A continuación se sucedían las siguientes fases:

  1. Troceo de forjados. Tras el replanteo de los cortes a realizar, un robot ejecuta las rozas -corta el hormigón respetando las armaduras- y practica los orificios que sirven para enganchar la pieza y en los que los operarios de la barquilla introducirán los útiles que sostiene la grúa de carga. Una vez hecha esta operación, y tensando aproximadamente al 70% del peso de la pieza, se procede a cortar las armaduras mediante oxicorte. Durante este proceso se va ajustando la tensión en los cables de la grúa de modo que, cuando se corte la última armadura, la pieza quede gravitando. A continuación se iza y se desciende la pieza.
  2. Troceo de pantallas de hormigón. El procedimiento es el mismo pero sobre un elemento vertical: corte del hormigón -horizontal y vertical- mediante robot, ejecución de orificios, sujeción de útiles con tensión al 70% del peso estimado de la pieza y corte de armaduras. A continuación la grúa de carga iza y baja la pieza.
  3. Desmontaje de pórticos. En este caso se realizan dos orificios para útiles de sujeción, uno en cada extremo de la viga y se demuele el hormigón de los pilares a la altura de 1 metro, dejando solo las armaduras. Una vez tensionados los cables que sujetan el pórtico, los operarios proceden desde la barquilla a cortar las armaduras una a una y alternando los pilares mientras la tensión en los cables se va ajustando a los esfuerzos. Una vez cortadas tods las armaduras, el pórtico ha quedado equilibrado y se baja de forma segura.
LAS GRÚAS DEMOLEDORAS
Las grandes grúas demoledoras.
GRÚA Nº 3: Altura: 120m Carga a 32 m= 40 toneladas Carga a 78 m= 5 toneladas GRÚA Nº 4: Altura: 165 m Carga a 56 m= 56 toneladas Carga a 72 m= 50 toneladas.
LOS NÚMEROS DEL DESMONTAJE
Los números del desmontaje del Windsor:
Volumen demolido (en pie) : 61.421,46 m3 Superficie demolida: 21.749,95 m2 Altura demolida: 24 plantas más plantas técnicas y coronaciones Trasladado a plantas de reciclaje: Elementos metálicos: 620 toneladas Elementos cerámicos y hormigón: 71.300 toneladas Apeos en viales subterráneos: 1.400 m2 Otras empresas colaboradoras en la demolición: Grúas Peninsular SL, Grúas Usabiaga SL, Perfox SL, Hidrodemolición SA, Manzano e Hijos SL, Recuperaciones Pablo Sanza SL, AG Arribas Gonzalo, Zakos Andamiajes SA, RMD Kwiksorm Ibérica SA, INTEMAC, INDAG.SA (Grupo Ortiz).

Esta descripción resulta una burda simplificación de un proceso extremadamente complejo, ejecutado en una estructura inestable y a una altura, literalmente, de vértigo. Podríamos decir que el desmontaje de la planta técnica T2 siguió idéntico procedimiento pero aplicado a inmensas vigas de hormigón de 3,20 metros de canto. No faltaríamos a la verdad pero tampoco le haríamos justicia.

Al analizar cada paso del desmontaje es inevitable percibir el cuidado extremo y la adaptación específica a las características propias de la zona en la que se va a proceder. Es, la ingeniería más rigurosa asistida por la imaginación, la que permite bajar los ascensores colocando una cama de 9 metros de profundidad con neumáticos viejos. La misma que soluciona el problema de la planta 9 puenteándola de la 8 a la 10 para evitar solicitaciones a compresión a los retorcidos pilares de fachada.

Todas las decisiones que se tomaron, apuntaban en una misma dirección: la seguridad de las personas. «Trabajar siempre desde fuera» era mucho más que una frase.

El Windsor, como era conocido por los madrileños, caracterizó el horizonte de la ciudad durante 26 años (1979-2005). Sus 106 m de altura y sus fachadas doradas producían fotografías espectaculares cuando recibían la luz del oeste. INTEMAC, en las conclusiones de su informe tras el incendio, señaló que “el comportamiento de la estructura de hormigón (…) al enfrentarse a un incendio severo ha sido extraordinariamente positivo y claramente más favorable del que hubiera sido esperable por la aplicación estricta de la normativa vigente”.

Es inimaginable el daño que su colapso en llamas hubiera provocado dada su localización. Pero el Windsor no se derrumbó, hubo que desmontarlo. Su desmontaje lo llevó a cabo un equipo humano con el mismo respeto, inteligencia y amor por la técnica que el demostrado por aquellos que en su día lo levantaron.

Referencias utilizadas:

«Lo que queda del Windsor». J.J. Armas Marcelo. 

“Proceso de demolición del Edificio Windsor”. Dossier Informativo del Área de Gobierno de Urbanismo, Vivienda e Infraestructuras. Ayuntamiento de Madrid. 2005

“El incendio del edificio Windsor. Investigación del comportamiento al fuego y de la capacidad resistente residual de la estructura tras el incendio” INTEMAC. 2005

«Performance of Concrete in Fire: A Review of the State of the Art, with a case study of the Windsor Tower fire».  Ian Fletcher, Audun Borg, Neil Hitchen y Stephen Welch.

“Proceso de Demolición del edificio Windsor” Presentación de José Antonio García Miguel.

List of tallest voluntarily demolished buildings

Windsor Tower going down 

Documental “Proyecto Windsor. Desmontando al gigante»